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Párate a pensar… ¿realmente quieres ser funcionario?

Hoy os dejo por aquí una reflexión que quizás os pueda parecer un poco contradictoria a la filosofía de esta página web, pero nada más lejos de la realidad, la idea es que tengas muy claro de qué va esto de ser funcionario TIC antes de meterte. Como dice el propio título del post, ¿te has parado realmente a pesar si quieres ser funcionario?

Ser funcionario resulta muy atractivo para muchísima gente hoy en día, no en vano, una gran parte de la sociedad española ansía un trabajo en la administración pública por la estabilidad y condiciones laborales que proporciona: un trabajo seguro, un sueldo fijo sin contratiempos, un horario que te permite conciliar, etc, etc.

Pero, ¿te has parado a pensar en los posibles contras de ser funcionario? Como podrás imaginar, no es oro todo lo que reluce y, aunque en general compensan los beneficios de tener una plaza fija, siempre hay algún inconveniente que merece la pena que conozcas antes de embarcarte en una oposición, proyecto que seguro te cambiará la vida.

Además, una de las condiciones indispensables para sacarte la oposición es la motivación, tener claro que es lo que quieres, pues eso es lo que te hará continuar cuando el camino se te ponga más cuesta arriba.

En mi opinión personal, el trabajo como funcionario TIC es generalmente bueno, pero hay unos contras que he de confesar algún día me sacan de mis casillas:

  1. El trabajo, especialmente en los subgrupos A1 y A2, suele estar orientado a la gestión de contratos que a labores de la informática en sí. Esto hace que muchas veces la burocracia se convierta en un grueso importante de tu día a día. A veces, me gustaría escribir menos informes y documentos y tener algo de tiempo para «cacharrear» un poco. Si te estás preparando oposiciones como TAI, C1, esto te sucerá seguramente menos a menudo.
  2. Muy relacionado con el punto anterior, los tiempos para hacer todo son enormes. Sueño con el día en que contratar algo sea rápido y sencillo, un mecanismo de contratación más alineado con la realidad de las TIC. Ahora mismo, cualquier contrato hay que planificarlo con muchísimo tiempo de antelación debido a la Ley de Contratos. La agilidad brilla por su ausencia en la administración, y no tiene visos de mejorar.
  3. Hagas lo que hagas, cuando digas que eres funcionario, todo el mundo pensará y te dirá que no haces nada en tu trabajo. Es muy curioso el asunto, pues todo el mundo quiere ser funcionario, pero a la vez está muy desprestigiado socialmente.
  4. La movidad del puesto de trabajo es complicada y lenta. Si te quieres cambiar de puesto, aunque encuentres una plaza vacante en otro sitio, aunque sea un cambio rápido por comisión de servicios deberás contar con la autorización de tus superiores, si no, tendrás que esperar a sacar una plaza por concurso, lo cual es un proceso lento que dura varios meses.
  5. Una vez hayas llegado a tu nivel máximo en el rango administrativo, difícimente podrás aspirar a un aumento de sueldo que no venga determinado por una ley de subida de sueldo a todos los funcionarios. Esto muchas veces resulta un poco desmotivante, especialmente a largo plazo.
  6. Si tienes vocación de servicio público, pronto te darás cuenta de que es difícil mejorar las cosas tú solo. Muchas veces se debe a causas externas y no puedes hacer gran cosa para arreglarlo por ti mismo, aunque las consecuencias las estés sufriendo tú directamente.
  7. Cuesta mucho innovar. Por la naturaleza de nuestra profesión, me encantaría poder llevar a cabo proyectos mucho más innovadores o formar parte de un equipo joven y dinámico. La realidad es que muchas veces los compañeros no están preparados para ese cambio, y tienen una forma de trabajo mucho más tradicional, es difícil que entiendan otra forma de trabajo. Pero bueno, supongo que es cuestión de tiempo, que llegue el cambio generacional, y una buena gestión del cambio ;-).

Resumiendo, si eres una persona muy inquieta, que le gustar estar haciendo cosas diferentes continuamente, tener mucha flexibilidad, agilidad y poder de decisión, quizás este trabajo no sea para ti.

Como muestra, un bótón, os dejo el texto que escribió Jaime Gómez-Obregón, intentando contestar a todos aquellos que le invitan a trabajar en la Administración. No tiene desperdicio.

@JaimeObregon Jaime Gómez-Obregón

A menudo me decís que debería trabajar en la Administración. A veces me lo planteáis a mí; otras veces se lo proponéis a políticos o instituciones para que cuenten conmigo… Yo suelo contestar con bromas, pero nunca he explicado con seriedad mi posición. Primero: gracias de corazón. Recibo infinidad de mensajes cariñosos y de apoyo, tanto en privado como en público, que agradezco profundamente y me dan gasolina para seguir. El halago me incomoda, pero leer que otros valoran mi trabajo sí me reconforta.

Me di de alta como autónomo mientras hacía los exámenes finales de teleco, hace veinte años. Desde entonces nunca he tenido una nómina ni estabilidad en los ingresos. Me he «buscado la vida» como libre ejerciente de mi profesión. Primero como profesional independiente, después con un equipo fundando una empresa. Ahora, de nuevo como individuo. Por tanto, nunca he tenido un contrato fijo, ni un horario de trabajo, ni estabilidad laboral. Tampoco un escritorio fijo, pues itinero por cafés (¡cada día vistas nuevas!). Y ya no quiero nada de eso. Así estoy obligado a emprender, a crear, a moverme… Es ahí donde me siento cómodo.

Trabajar en la Administración, sin embargo, parece justo lo contrario: fichar a la entrada, ingresos estables, un despacho, días moscosos… Yo así me marchitaría muy rápido. Me paso el día leyendo y estudiando. Sobre tecnología, pero también sobre ciencia y humanidades. Pero lo último que estudiaría sería el temario de una oposición. ¡Yo disfruto aprendiendo! Pero aprendiendo de la Naturaleza, de la historia, de los hombres y mujeres de ciencia, a gobernar las máquinas… No concibo memorizar un temario. Mi cerebro no funciona así.

A veces le enviáis mi nombre a un político para que cuente conmigo. Gracias de corazón, pero no me gusta el sistema de partidos ni el parlamentarismo. ¡Sí! ¡Sé que es una herejía! Valoro la democracia, aunque sea imperfecta, pero me incomoda el ruido de los partidos que tiene alienado a dos tercios de mi país. Respeto profundamente a las personas, especialmente a las que tienen responsabilidades públicas, y que son injustamente maltratadas en estas redes sociales a diario. Pero el sistema de partidos políticos contemporáneo en Occidente —en triste comunión con los medios de comunicación, un periodismo de fast food y, últimamente, este cenagal de las redes— se nutre de mutar en pasiones los argumentos. En llevar los debates del cerebro al corazón .

Yo soy un ingeniero y tengo una educación científico-técnica. Funciono con datos y modelos. ¡Por supuesto que en ocasiones hay que posicionarse más con los valores que con los números! Pero vivimos un tiempo de problemas de complejidad fractal (Oriente Medio, el impacto de la digitalización, el cambio climático… O, en España, la cohesión territorial, la vacancia de un «proyecto sugestivo común» que decía Ortega…) Los partidos políticos nos ofrecen recetas emocionales simples a estos retos hipercomplejos. Y nos polarizan y dividen, intentando enfrentarnos unos a otros por razón de ideas y cosmovisiones. No es el tipo de sociedad en que quiero vivir. Y, por tanto, rehuyo las siglas y los partidos políticos.

Soléis destacar que tengo vocación de servicio público. Disculpad, pero mi fuente de energía no es tanto esa como la frustración con la burocracia, la complejidad artificial y la digitalización mal aplicada. Se me dan bien los problemas de optimización y simplificación. Y si dirijo mis trabajos hacia la Administración no es tanto por querer servir a los demás como por pelearla como la gran factoría de ineficiencia y burocracia que es. He abrazado el minimalismo y me va bien: una vida sencilla, la esencia desnuda de las cosas, la austeridad en el ornato, la forma que sigue a la función… Es un sistema de valores que aplico tanto al software que escribo como a mi forma de vestir. Y que pretendo también para la Administración con la que me obligan a relacionarme.

Por último, aunque también es lo primero: ¿qué podría aportar yo en la Administración? De todos los retos que tiene por delante yo solo domino uno: la digitalización. Sin embargo, intuyo que casi cualquier acción transformativa chocaría, por un lado, con las inercias seculares del funcionariado y, por otro, con la visión cortoplacista que impone la política basada en legislaturas. Y terminaría de ser estrangulada por el corsé de la hiperregulación normativa, los exasperantes tiempos administrativos, la imposibilidad de relevar de las posiciones de poder a personas con visiones anquilosadas, la frustración de no poder alinear territorios autónomos en torno a una estrategia digital compartida, una deuda tecnológica impagable, un alud de sistemas legados, las complejidades derivadas de la ciberseguridad…

En definitiva: en los últimos años he venido ejerciendo un activismo «desde fuera» de la Administración, que he intentado basar más en proyectos reales que en opiniones. Y que veo con satisfacción que ha tenido un cierto impacto. Pero no hay —y confieso que tampoco me ilusiona buscarla— una fórmula para ejercerlo desde dentro de la Administración de una forma a la vez más eficaz y que no me desarme, marchite y extinga. Es por ello que, supongo, seguiré mi camino de siempre: «buscarme la vida» haciendo lo que me gusta y sé: programar y emprender.


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